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LA LIBERTAD EN LA PAREJA

Suena una pieza de Louis Armstron, todo un clásico del jazz, me siento muy a gusto escuchando esta música.  Mi pareja escucha la radio, un programa de la tarde donde parodian las noticias en clave de humor. A veces necesito silencio en mi entorno y ella es consciente de ello y utiliza auriculares (igual que yo) para seguir sus programas favoritos. Otras veces no me importa escuchar sus programas porque acabo riéndome y compartimos el espacio con un te y una conversación. Alguna vez acabamos bailando alguna pieza de música que escucho y que a ella le hace gracia.

Nos conocemos mínimamente como para tener en cuenta las necesidades de cada uno dentro del espacio compartido y en consecuencia hemos construido hábitos de convivencia para respetar mutuamente nuestros espacios, nuestras necesidades y por consiguiente nuestra libertad individual. Curiosamente, este comportamiento nos lleva a querer hacer cosas juntos, ver una película, salir de excursión, visitar la ciudad o salir a comer a un restaurante. En la intimidad, buscamos calidad en nuestros encuentros y a veces nos sentimos agradecidos de tener espacios de soledad.

Cada uno lleva consigo sus propios patrones, carencias, necesidades y aciertos. Cuando tenemos en cuenta que las cosas que sentimos, pensamos y expresamos son de única y exclusiva responsabilidad de uno mismo, los juegos emocionales de sufrimiento en la pareja desaparecen. Cuando esperamos que la otra persona nos de soporte, palabras de aliento, respuestas a nuestras demandas, le estamos pidiendo que nos salve, que nos haga de mamá o papá, que renuncie a su libertad por mi. 

Cuando nos damos cuenta de los juegos emocionales que ocurren en la pareja, si las dos partes pueden dialogar y reconocerse mutuamente desde el amor y el no juicio, la pareja florece, se renueva y se expande. En caso contrario suele ocurrir que los juegos cargados de juicios, culpabilidades y reproches al otro, enturbian cualquier posibilidad de entendimiento interno de cada parte y la pareja sufre y se resiente.

Ser consciente de nuestras demandas nos ayuda a encontrar formas de gestionarlas. Por ejemplo si tus celos afloran, sabes que es algo tuyo que se activa en determinadas circunstancias ¿Es culpa de esa otra persona? ¡Es más! ¿tiene que haber un culpable de cómo nos sentimos? (Enlace: La cultura de la culpa) Tomar conciencia de tus celos puede evitar muchos malos entendidos en la pareja. Cada vez que tus celos se activen, algo de tu cuerpo emocional está necesitando atención. La pareja no tiene que funcionar alrededor de ningún condicionante y menos por los celos.

La libertad en la pareja sucede cuando nos reconocemos, nos aceptamos tal y como somos y somos capaces de mirar al otro en iguales condiciones, entonces no hay juegos posibles y es más fácil crecer y expandirse. Todo empieza con tomar responsabilidad de lo que somos y lo que queremos para nosotros mismos. Cuando te responsabilizas de lo que sientes eres libre para compartir y amar, recibir y ser recibido.
¿Eres libre?




Douglas Varela
Educador Social - Terapeuta Emocional
Esther Quijadas
Terapeuta Integrativa


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